Saturday, October 26, 2013

Cristianos Nuevos - Vino Nuevo


No soy un conocedor o un experto en vinos porque sólo de vez en cuando me tomo una copita. Lo que sí entiendo es que el vino en la Biblia se presenta como motivo de abundancia, de alegría, de consuelo y de sanidad. Muchos escritores cristianos han tratado de interpretar lo que significa “vino nuevo y odres viejos”. Yo por mi parte no les quiero aburrir con el tema, sólo quiero decirles que últimamente me he sentido embriagado con una felicidad que me han dado algunos cristianos nuevos. Por eso concluí que los cristianos nuevos son como un vino nuevo en nuestras congregaciones.
Rubén y Jaquie, junto a sus dos niños, vinieron a una Escuelita Bíblica de Vacaciones. Cada año, durante esa semana, yo aprovecho de dar clases a los padres. Esta pareja participó con entusiasmo y al final de la semana les ofrecí ir a su casa para conversar acerca de Dios. Me recibieron por varias semanas cada martes hasta que le entregaron su vida al Señor y se bautizaron.
A Rubén le gusta mucho leer su Biblia y me da gusto verles cada domingo llegar a la clase dominical y quedarse al culto. Un domingo, cuando tuvimos una actividad comunitaria, ellos se ofrecieron a alimentar a más de cien voluntarios con pollo y arroz, de su propio bolsillo.
Se inscribieron con entusiasmo en la clase de discipulado y han asistido a tiempo con sus tareas cumplidas. Les enseñamos a memorizar la Escritura, a orar, a leer su Biblia constantemente y a evangelizar. Un día Rubén llegó un poco desanimado a la clase y nos contó que su abuelo en México había fallecido la noche anterior. Se sentía muy triste y oró al Señor por consuelo y abrió su Biblia al azar encontrando con sus ojos la primera carta de San Pablo a los corintios, capítulo 15, donde habla de la resurrección. Mientras él nos leía el pasaje, nosotros lo escuchábamos con los ojos húmedos.
Al siguiente miércoles nos contó que su hijo de 6 años había estado muy enfermo con fiebre. Él se acordó de haber leído en la Biblia que el profeta Elías había resucitado a un niño e hizo lo mismo que Elías: se acostó en la cama de su hijo, lo abrazó y oró al Señor por su sanidad. De repente el niño le dice “papá, ya no tengo fiebre, me siento bien”, y se levantó a jugar con sus amiguitos.
Finalmente hace un par de semanas, casi al terminar la clase de discipulado, saca su teléfono móvil y dice “miren, quiero que vean esto”, y nos puso un video en el cual grabó a su niña de 10 años recitando: “seguridad de la salvación: primera de Juan 5:11-12,  Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida”. Este es el primer versículo que se aprendió Rubén, y de tanto repetirlo en la casa y en el auto, su hija le dijo, “yo ya me lo sé también papá”.
Rubén y su familia me alegran el corazón, me imagino que es el efecto de un vino nuevo.
La otra pareja, José y Gloria, tienen cinco hijos. José padeció cáncer a la garganta y luego tuvo un accidente laboral que lo tiene incapacitado y en juicio en tribunales del trabajo. Su “casi esposa” ha estado batallando con una adicción. Ambos asisten a la clase de inglés que cada mañana enseña una hermana de la iglesia, la cual un día los invitó a nuestro culto dominical. Fue bueno ver a esta familia de siete personas asistiendo cada domingo. Fui a visitarles a su hogar y les ofrecí conversar acerca de Dios, de su Hijo Jesús y del plan de Dios para sus vidas. Accedieron. Comenzaron también a venir los miércoles. Un día oré por ella y le impuse manos. A los días me contó que su adicción había desaparecido. José comenzó a venir de oyente a la clase de discipulado (es sólo para bautizados la clase) y le regalé una Biblia junto con el libro de texto. A la semana siguiente cuando dije “abran su Biblia en tal y tal lugar”, José rápidamente lo hizo y todos se quedaron admirados. Él se rió y nos dijo “es que ya lo había leído en la casa y lo marqué”. Traía su Biblia marcada con los textos de la tarea. En un momento de la clase estábamos hablando de cómo Jesús respondía siempre con Escrituras del Antiguo Testamento. Comencé a explicarle a José lo que era una referencia bíblica. “¿Te fijas que en algunos pasajes hay una letra chiquita como a, b, c, etc.? Bueno, si miras al pie de la página vas a ver algo como Dt. 6.13 o Lv. 19.18, y eso quiere decir que lo que dijo Jesús está en Deuteronomio capítulo 6 versículo 13. ¿Lo entiendes ahora?”. José nos quedó mirando y se puso a reír diciéndonos “¡Ah! yo creía que era la hora en que lo había dicho”. Jajajá. No podíamos parar de reírnos.
Al terminar un culto de domingo estaba yo bajando de la plataforma cuando se acerca Gloria con algunos de sus hijos y me dice con un rostro radiante y una gran sonrisa: “pastor, José quiere casarse conmigo y también quiere que toda la familia nos bauticemos juntos”.
Pues bien, la semana pasada los casé después del culto del domingo (¡trajeron 30 invitados!), y en un par de semanas los bautizaremos.

José y su familia también me alegran el corazón con el vino nuevo que nos aportan.
Jesús dijo: “nadie echa vino nuevo en odres viejos. De hacerlo así, el vino hará reventar los odres y se arruinarán tanto el vino como los odres. Más bien, el vino nuevo se echa en odres nuevos”. (Marcos 2.22).
Los odres representan los contenedores o las estructuras en donde se aloja el vino. En este caso serían las estructuras de nuestra iglesia. Cuando en las iglesias no vemos caras nuevas, (al contrario, en algunos casos es más común que las caras viejas se estén yendo) entonces la estructura se envejece, se oxida y se torna rígida. Por eso es tan necesario que a las iglesias les llegue un flujo permanente de vino nuevo, nuevas personas, nuevas ideas y nuevos vientos. El pastor Gene Appel ha dicho que una iglesia debe renovar su visión cada cinco años. Debe re-definir su misión y renovar las estructuras, de no hacerlo la iglesia dejará de crecer y se pondrá rígida. El pastor Bruce Templeton también nos dijo que cada congregación quisiera tener un pastor nuevo cada cinco años. Como no se da el caso de que cambiemos a los pastores cada cinco años, es necesario entonces que el pastor cambie su estilo, se renueve, use arte, drama, bosquejos, cambie de estilo de vestir, etc. 
Oro al Señor pidiéndole que nuestras estructuras sean flexibles y hagan posible que el vino nuevo sea retenido en nuestras iglesias y pido al Señor nunca más escuchar a los cristianos viejos decir “dejen tranquilos  a estos cristianos nuevos, pobrecitos, ya se les va a pasar el primer amor”.
Cristianos nuevos, que Dios los bendiga infinitamente. Nos alegran, nos embriagan, nos refrescan con su abundancia, con su alegría, con su consuelo y con su sanidad. No se añejen, sigan siendo cristianos nuevos y vino nuevo a la vez.

Tuesday, April 02, 2013

Mi viaje a Cuba ¡Azúcar!


Como ustedes han de saber, por causa del embargo económico de EEUU a Cuba no pude salir en vuelo desde territorio norteamericano. Tomé el bus en Santa Ana hacia el aeropuerto de Tijuana. Eso de por sí es una experiencia nueva para mí. “Pura raza” iba en el “camión” con un chofer bastante locuaz, a veces malhumorado y garabatero o maldiciente que se peleaba con los pasajeros.
En Tijuana tomé el vuelo a Ciudad de México en donde esperé cinco horas la conexión a la Habana, a donde llegué a las 2.30 de la tarde.
Al llegar a Cuba me retuvieron por dos horas en inmigración y aduana. Les anticipo la razón, porque ahora la entiendo: el gobierno sí acepta la venida de personas por asuntos religiosos, pero se aseguran primero que no traigan material antirrevolucionario ni que vayan a realizar actividades contra el gobierno. Dos horas para averiguar que yo no iba a portarme mal.
Muy amables todos conmigo, partiendo por el primer muchacho de la inmigración. Preguntas sencillas, ¿primera vez que viene a Cuba? si. ¿Conoce alguien aquí? si. ¿Dónde lo conoció? por internet. ¿En qué trabaja usted? soy profesor universitario (¿se fijan mis respuestas cortas y precisas, nada de cháchara?). ¿Qué enseña? español e historia. ¿Dónde va a quedarse? en casa de alquiler. ¿Va a visitar otros lugares?, si es que mis amigos me llevan. ¿Cuánto dinero trae? tres mil dólares (llevaba una ayuda de una organización para los pastores y dinero que la iglesia me ofrendó). ¿Trae regalos?, muy poquitos y sencillos. ¿Qué regalos?, ropa mía que regalaré, libros, dulces. Después de un rato me pide que espere. Viene una supervisora, las mismas preguntas. Se va a hablar con tres hombres, me miran desde lejos, uno de ellos viene, me hace las mismas preguntas, pero este más avispado me pregunta cuántos libros traigo y de qué se tratan. Logra sacar la información que mi amigo es cristiano. Me pregunta si yo también soy cristiano, sí. ¿Desempeña alguna función en su iglesia?, soy pastor. ¿Cómo se llama la iglesia?, le digo el nombre. ¿En Los Ángeles?, no en Anaheim. ¿Pero que no es lo mismo?, no señor. ¿Entonces dígame en qué estado es? California (y todo lo anotaba). ¿Viene Ud. a realizar alguna actividad religiosa?, voy a acompañar a mis amigos dónde ellos me inviten. ¿Trae libros? sí. ¿Cuántos?, como treinta. ¿De qué se tratan? de historia. ¿Usted es católico, testigo de Jehová, pentecostal?, cristiano no más. ¿Pero de cuál denominación?, de ninguna. ¿Pero, como se llama la iglesia? Iglesia Cristiana o Iglesia de Cristo. ¿Así no más?, si. ¿Y su amigo lo está esperando afuera?, no, me voy en taxi.
Ya iba más de media hora en eso. Pase a revisión por favor, me dice y me asigna a una muchacha simpática llamada Diasmarys, o algo así, que me revisa las maletas. Pero no es que me las revisó, sino que me las desarmó todas, sacó todo, hojeó los libros y entre plática y plática las mismas preguntas de los tres anteriores. Aquí pensé lo importante que es decir la verdad, porque cuando uno miente tiene que tener buena memoria para acordarse qué le dijo a uno u a otro. Esta muchacha me pregunta otra vez por los libros (traigo dos títulos: La Reforma Presente y el del Yurumí). Me pregunta por las clases de historia, por la universidad, por esto y aquello, pero no le decía yo que era pastor hasta que ella me dijo “manejo la información que usted es pastor”, y ahí le dije que sí. Y así por otra media hora. La palabra clave que no tenía que decir era que los libros eran “donados” porque según la letra no se cuántito, del código no sé que número, de la ley número X, las donaciones se rigen por no se qué reglamento y quedan confiscadas. La palabra mágica es “regalo”. Soy escritor, traigo libros para regalarle a mis amigos. Y luego descubre la muchacha las cientos de fotocopias para las clases y me dice que para qué son, y les digo que son guías de estudio para los que lean los libros. He dicho toda la verdad, no he mentido en nada. 
Yo creo que también ayudó un librito que traje con la historia de “Paloma con los pobres de África” que la aduanera vio en la maleta y me preguntó por ella. Le conté la historia de mi hija que vivió tres meses con la gente más pobre de Nairobi
Cuando terminó de desarmar las maletas, sentí un gran alivio cuando me dijo, hasta en tono jocoso, “ayúdeme pues a armar las maletas”. Con mucho justo -le respondí - lo que pasa es que en EEUU no permiten que uno toque las maletas cuando el oficial de aduana está revisándolas -.
Yo por mi parte conocí bastante de la muchacha, desquitándome con preguntas de su trabajo, de su mamá, que me dijo ella, también es profesora de historia. Ella, sentí, se puso de mi lado, y yo con un ojo a las maletas y con el otro a los libros apilados a un lado, y cuando terminamos de llenar las maletas ella tomó los libros y los puso dentro de ellas. Me pidió esperar. Allá se fue a conversar con el anterior oficial. Yo por mientras me puse a conversar con un señor que estaba sentado en un escritorio a la salida de la aduana. Resultó muy simpático, escritor de poemas que está armando una novela policial. Yo le hablé de mi novelita “La abuelita Julia”. Hablamos de literatura, de librerías que me recomendó, de libros electrónicos, mientras los otros dos seguían desde lejos mirándome y conversando. Viene el muchacho, esta vez las preguntas se centran en los libros y en mis actividades religiosas. Le tuve que hacer un resumen de cada uno de los libros. Querían saber cuál tipo de historia yo escribí, le dije que de la Reforma Protestante y su historia en Norteamérica. Me volvió a preguntar si era religioso el libro y le dije: Mire, la historia es la historia y allí pasan muchas cosas. Lo religioso es parte de la historia y escribí de eso. La muchacha dijo -yo alcancé a leer una frase en que usted habla de “cristianismo” -. Me quiso dar risa, pero me aguanté y le dije, por supuesto, el cristianismo es parte esencial de la historia.
Y luego me preguntaron por el otro libro, el del yurumí. Me sorprendió que ya sabían que era el oso hormiguero. Bueno, la foto lo dice. Le dije que nosotros somos como hormiguitas y el oso hormiguero es como la personificación del mal. El libro enseña cómo vencer el mal, es un libro de superación personal. ¿Es un libro religioso? les contesté “es de superación personal”. Se quedaron pensativos.
Ya eran dos horas en esta funcia. Y ya se me estaba acabando la paciencia y le digo al oficial, “bueno, ya son muchas preguntas, ¿tienes una pregunta más para que terminemos con este asunto? ¿ya me puedo ir?”. Sorprendido me contesta que tiene que conseguir la autorización de su superior, me dice que me espere por favor.
Se juntan los dos con el superior y debaten un momento. Al rato viene y me entrega el pasaporte y me informa que puedo entrar al país. ¡Azúcar!
Yo salí con la cámara preparada para sacar una foto de algún letrero que dijera “Bienvenido a Cuba”, pero ni en el aeropuerto ni en camino a la ciudad lo encontré.
Taxi del estado, chofer empleado del estado, autos de los años 40 y 50. Ciudad ordenada, relativamente limpia y en orden, construcciones deterioradas y sin pintura. Llegué a la casa de alquiler, luego vino mi famoso amigo, por el cual me preguntaron tanto en la aduana y que yo nunca había visto en persona. Se alegraron de que los libros pasaron y para mi sorpresa, tanto el pastor y la dueña de la casa de alquiler (que es un bed and breakfast), defendieron la actitud de los oficiales por el hecho de que tienen la responsabilidad de velar de que no entre nadie a la isla que venga con ideas contrarrevolucionarias. Se ha dado el caso que vienen pastores con esas intenciones. Así es que me di cuenta que no debía contar la historia de la aduana de una manera triunfalista. Hay cristianos aquí en Cuba que tienen un profundo respeto por el gobierno y las autoridades.
Ya estoy instalado en un cuarto con cocina, comedor y baño. En la televisión hay canales de recepción libre, son 5, pero ninguno tiene comerciales, sólo programas culturales, políticos, clases, musicales. El único canal extranjero es Telesur, con constante propaganda chavista. 
En la ciudad tampoco he visto carteles de propaganda de ningún producto, sólo propaganda política.
Manuel me llevó a cenar a un restaurante del gobierno. Nunca -le dije yo- había oído que un gobierno estuviera en el negocio de los restaurantes. Aquí hace un par de años recién se abrió la posibilidad de que la gente abriera negocios. Ya se ven pequeños restaurantes privados y gente vendiendo cosas en la calle, pero todos tienen un permiso especial del gobierno, se les llama “los cuentapropistas”.
El restaurante estatal cobra barato. La comida no es buena, según los estándares extranjeros, pero sabrosa para los cubanos. El menú tenía solamente bistec, bistec picado (carne molida) y chuleta de cerdo. No tenían arroz con moros, sólo arroz blanco o arroz amarillo con cerdo. La ensalada era tres torrejas delgadas de tomate, tres torrejas casi transparentes de pepino y una pequeña porción de repollo. El salero no tenía sal. No había pimienta ni servilletas. La cuenta nos salió cinco dólares incluyendo los refrescos que son envasados. El baño no tenía agua y por lo tanto la cocina tampoco.
La muchacha que atiende me contó que su sueldo, y el de todos los trabajadores en Cuba, es de 240 pesos cubanos que equivalen a 10 dólares. Le pregunté por curiosidad cuánto había gastado una pareja con dos niños que habían acabado de comer y me dijo que esa familia había gastado 240 pesos, exactamente el sueldo de un mes. Obviamente la gente que come afuera tiene otros medios de sustento que le permite ese lujo. La palabra característica que usan los cubanos es “resolver” que quiere decir “arreglárselas de alguna manera”.
Al día siguiente Manuel me llevó a conocer La Habana Vieja, pero antes me llevó a tomar helado a una “sodería” del gobierno. Venden sólo helados, nada más, y de un solo sabor, vainilla. Tampoco tienen servilletas y no dan recibos. Días más tarde fui al Vedado, una zona más atractiva de La Habana en donde hay una heladería llamada Coppelia. Ahí tienen tres sabores de helados, pero la cola para entrar era largísima.
Saqué muchas fotos de la Habana antigua. Hay un funcionario del gobierno denominado el conservador del patrimonio, o algo así, que tiene la tarea de rescatar las construcciones y el patrimonio histórico de la ciudad. Tal parece que está haciendo buen trabajo con el poco dinero que existe aquí. Hay construcciones maravillosas, antiguas, de una belleza arquitectónica exquisita que se están cayendo, literalmente, a pedazos.
Volví otro día con otro pastor a seguir recorriendo La Habana de noche. Conocí el restaurante y el hotel que frecuentaba Hemingway. Esta vez recorrí lugares menos turísticos, pues este pastor vive en La Habana vieja y se mueve como pez en el agua. Es triste ver construcciones en un estado de deterioro más allá de lo habitable. Las casonas antiguas son de propiedad estatal. Las personas que viven allí pagan una cuota pequeña que se les va acreditando para algún día ser “dueños”. Realmente es una manera de decirlo porque el estado sigue teniendo derechos. Como todo es de propiedad estatal, el estado tiene que pintar y reparar todo, y es lógico que no tienen los recursos.
Muchos saben que colecciono bastones de cada país que visito. Compré uno que me costó 12 CUC (cé ucé), como le llaman a los pesos convertibles. Se supone que esa moneda y el dólar tienen el mismo valor, sin embargo al dólar le aplican un gravamen del 10 % y un impuesto de cambio del 2%. Al final el dólar sólo vale 88 centavos de peso convertible.
Días más tarde, en una feria artesanal del Vedado compré otro bastón para regalarle a Kiko, mi amigo cubano que vive en Anaheim, ya tiene 88 años y ojalá se alegre de usar un bastón de su patria.
En Cuba hay tiendas y restaurantes que sólo te cobran en pesos convertibles o en pesos cubanos. Uno se da cuenta de inmediato cuál es cuál: las que cobran en pesos convertibles tienen algo para vender, las otras tienen un solo producto o son tiendas pequeñas que parecen “ventas de garage”.
Fui al Malecón a comer. Me perturbó ver en el restaurante, que está al aire libre, a una pareja de una muchacha negra, muy bonita, vestida con mínima ropa y joven acompañando a un gringo viejo lo cual me dio asco. La muchacha era muy alegre y abrazaba y besaba al gringo que se dejaba querer. Le dio dinero ahí en frente de todos y ella más contenta estaba. Manuel me explicó que a ellas se les llama “jineteras”.
Conocí también dos urbanizaciones construidas como barrios dormitorios, según la concepción rusa. Miles de departamentos, unos en Alamar y otros en Habana del Este. Los departamentos son bonitos, pero, otra vez, el deterioro se deja ver.
Las iglesias de Cristo (Iglesias Cristianas) en Cuba no poseen lugares de reunión, son iglesias que aquí les denominan “casas culto”. Pueden reunirse en grupos de a 15 personas sin ningún problema. La iglesia de La Víbora es la más grande y se reúnen 50-60 personas en un segundo piso, están en trámite de oficialización con el gobierno así es que se les tolera. Visité otras tres casas culto, una en Alamar, otra en Habana del Este y otra en Marianao. Aunque son pequeñas (10 a 20 personas), ponen las sillas como si fuera un auditorio y tienen su pequeño atril como púlpito. En ninguna vi un instrumento musical porque usan música grabada. Aunque sostienen una teología conservadora sus cultos son muy animados y movidos. El ritmo caribeño se deja ver. Fui testigo de tres bautismo en La Habana del Este. El bautisterio es una armazón de aluminio con forro de plástico que llena de agua. Parece un verdadero ataúd y fue donando por un evangelista de los EEUU. En mi opinión personal, yo preferiría ir al mar a bautizar en esas cálidas aguas caribeñas, privilegio que no tiene todo el mundo.
Enseñé la clase de Historia de la Iglesia a 45 alumnos en la Iglesia de la Víbora. Le doy gracias a Dios que esa semana hizo frío en Cuba. Frío, le llaman ellos, es cuando la temperatura baja a 18 ó 15 grados centígrados. Yo llegué a enseñar feliz de la vida en mangas cortas y mis alumnos estaban enfundados en abrigos y más de alguno con gorro de lana. Yo feliz, porque de otra manera no sé qué habría hecho en un salón con 45 personas sufriendo con el calor cubano y sin aire acondicionado.
Manolo mandó a hacer un par de bancas extras para la clase. No habían mesas, así es que tomaban notas con sus cuadernos en sus piernas. En un momento de la clase se sintió un fuerte golpe y al mirar veo a cuatro estudiantes sentados en el suelo: se había roto una banca.
Los hermanos tienen proyector para la computadora, lo cual fue muy bueno, pues yo acostumbro a dar mis clases de manera bastante visual. Sin embargo sufrí lo indecible al no tener pizarrón. Me sentía como Maradona, cuando lo multaron por salir positivo en el test de drogas y llorando se quejaba “me cortaron las piernas con esto”. Yo pensaba “me han cortado las manos con esto”. Pero, a falta de pizarrón, tuve que esforzarme con mi limitado léxico y dotes artísticas, actuando a veces, cantando otras (jaja).
No sabía qué cosas traer a los hermanos de regalo. Quería ser sensible y no ofender con los regalos, así es que decidí vaciar mi oficina de pequeños objetos: lápices, plumas, jaboncitos, champús, clips, libretitas, barras de granola, perfumes, dulces para los niños, lentes de sol, aros de fantasía, pinches (moños) para el pelo, etc. Incluso me traje una tela bastante larga que les había comprado a mis nietas para que hicieran una carpa en el living de la casa, pero Nona les trajo una carpa muy linda desde Japón que se arma y desarma con facilidad, así es que eché a la maleta la tela pensando que a alguien le iba a servir en Cuba. Opté por escribir los nombres de todos los alumnos en papelitos los cuales iba sacando en los recreos para entregar los regalos. Nos divertimos bastante con eso.
Les cuento esto porque es asombroso el testimonio que me sucedió: uno de los pastores y su esposa habían estado conversando días antes acerca de sus necesidades. Querían comprarse un perfume y un cubrecamas, pero la situación económica es tan dura que prácticamente eso es un lujo. Sin embargo, como son personas de fe, oraron para poder tenerlos. Pues bien, el último día comienzo a sacar los papelitos: ¡Manolo Venta!, un perfume. ¡Ismara! la tela para cortinas o lo que sea. Salió un nombre después del otro y hasta los bromeé porque ellos son el marido y la mujer, que cuando me contaron el testimonio se me cayeron las lágrimas. Ella va a coser un lindo cubrecamas con la tela, y él anda feliz con el perfume. De hecho también ella me contó que días antes le había dicho a su esposo que se quería comprar unos aretes y adornos para el pelo, que yo le traje a todas las mujeres que participaron en la clase. Me decía el marido: “todo lo que mi esposa le pide al Señor, él se lo concede”.
Bueno, termino de escribir estas líneas a la espera de abordar mi vuelo de regreso a México y EEUU en el aeropuerto José Marti de La Habana. Vine a enseñar, pero me voy como un alumno privilegiado por haber aprendido tanto. Momento habrá en el futuro de escribir mi análisis político, económico o social de esta sociedad en donde el estado controla todo. Por ahora, me alegro de comprobar que la iglesia de Cristo está viva y activa como sal de la tierra y luz del mundo.



Wednesday, February 13, 2013

Es tiempo de limpiar el closet


Por Ben Cachiaras.
Esta semana estaba hablando por teléfono con mis padres y me enteré que han estado muy ocupados. Donde ellos viven ha estado muy frío, muchos grados bajo cero. Está tan frío que tienen que abrir el refrigerador para calentar la casa. Así es que, además de palear la nieve de Minesota, mirar una vieja película de la fiesta de jubilación de mi  papá y después de comerse la última galleta que le vendieron las niñas Scouts, se han abocado a otra actividad de invierno: limpiar la casa.
Buscaron esos lugares en la casa en donde uno amontona cosas. Por ejemplo, debajo del lavaplatos. Es un poco incómodo ponerse de rodillas para limpiar ese lugar. Pero ellos lo hicieron. También limpiaron tres muebles de cocina donde guardan la vajilla. Sin embargo, el proyecto más grande fue el closet que hay en el baño. Sí, ese mismo. El que está  lleno de medicinas, maquillaje y cosas de aseo. Ese es el lugar perfecto para meter todo lo que no estás seguro si tiene que irse a la basura o no, como esa crema que el doctor te recetó para el impétigo o la rasuradora que usaste cuando estabas en la universidad.
Mientras mis padres me contaban la aventura, yo me imaginaba el montón de cosas, unas útiles y otras inútiles que habría en ese precioso espacio. Me imaginaba escarbando, descubriendo y descartando frascos de píldoras, vitaminas, lociones, pociones, ungüentos y sales de baño que nosotros, sus hijos, les habíamos regalado cuando éramos niños. Mi papá me contó que encontró medicina de los años 60. Eso debe haber sido tremendamente tóxico que sólo especialistas con trajes anticontaminantes deberían haber puesto en una caja metálica o algo así.
Lo que mis padres hicieron en el closet del baño es lo que yo necesito hacer con mi alma.
Debo abrirla, mirar profundamente en ella. Debo identificar los cachivaches que ya no quiero. Debo admitir que hay cosas tóxicas y viejas en mi alma las cuales necesito descartar. Debo deshacerme de esas cosas.
No puedo hacerlo por mi mismo. Pero Jesús puede. Él es, por excelencia, el limpiador de closets. Su Espíritu me convence que ya es el tiempo de abrir mi closet. Su gracia en la cruz se extiende para mi HOY, en el tiempo presente, soy perdonando. ¡Soy hecho nuevo!
Hoy es MIÉRCOLES DE CENIZA. En el hemisferio norte estamos en medio del invierno, nos señala un tiempo en que tú y yo debemos limpiar el closet de nuestra vida. El miércoles de ceniza da inicio al periodo que llamamos La Cuaresma, el cual contiene una hermosa invitación para dejar que el Señor limpie nuestras vidas de hábitos, heridas y pensamientos que son tóxicos y quieren matar el gozo y la paz que tenemos en Cristo. Esas cosas que te arrastran lejos de la cercanía con Dios. Esas partes de tu vieja persona que no las necesitas y que te distraen de estar disponible 100% para servir al Señor.
¿Has sentido ese fabuloso sentimiento cuando limpias el mugrero de un cajón? Es similar a lo que se siente cuando nos limpiamos en Cristo, ¡pero un millón de veces más intenso!
¿Por qué no usas esta oportunidad para leer más las Escrituras? Dí en voz alta esa conducta que tú sabes que te tiene esclavizado/a y que detiene tu crecimiento espiritual. Si vas a hacer algo durante la Cuaresma, que sea una disciplina espiritual que limpie tu vida de la basura para que puedas estar más libre de servir a Cristo.

Monday, January 07, 2013

El Kabritico: una introducción al Apocalipsis.



Un tema que siempre me ha llamado la atención es el de los judíos expulsados de España en el año 1492. Hace algunos días estaba leyendo en el periódico un artículo acerca de los diferentes dialectos españoles y entre ellos se mencionaba al ladino o judeo español. Comencé a buscar más información en la internet y me encontré con una famosa y antigua canción en ese idioma titulada “El Kabritico” (El cabrito, en español). Al escucharla me pareció que tenía alguna conexión con una canción infantil que les gustaba mucho a mis hijos, “La Chivita”, y al escucharla con detención me di cuenta que tienen las mismas raíces y comparten la historia de cientos de años.
La canción del “Kabritico” la cantan los judíos en la celebración de su Pascua. La original se canta en arameo y se llama Jad Gadya. Es un canto didáctico y aquí les transcribo la letra:
Un kavritiko
ke lo merkó mi padre…
Por dos levanim, por dos levanim.
Vino el gato,
i se comió al kavritiko,
ke lo merkó mi padre…
Por dos levanim, por dos levanim.
Vino el perro i modrió al gato,
ke se comió al kavritiko,
ke lo merkó mi padre…
Por dos levanim, por dos levanim.
(Se sigue agregando...)
Vino el palo i ajarvó (golpeó) al perro... 
Vino el fuego ke kemó al palo,
Vino la agua, i amató (apagó) al fuego, 
Vino el buey i se bevió la agua, 
Vino el shohet (matancero), i degoyó al buey, 
Vino el Mal’ah ha-Mavet (Ángel de la muerte),
Vino El Santo bendicho… (Dios).
A simple vista esta canción pareciera un simple juego de niños para divertirse y memorizar. Así por lo menos pensamos de la canción en español La chivita: “Sal de ahí chivita, chivita, sal de ahí de ese lugar”. Y para no aburrirlos, aquí les transcribo la canción completa ya en su última estrofa:

Vamos a llamar a Dios
para que se lleve al ángel.
Dios no quiere llevarse al ángel,
el ángel no quiere llevarse al diablo,
el diablo no quiere llevarse a la suegra,
la suegra no quiere llevarse al hombre,
el hombre no quiere llevarse el tubo,
el tubo no quiere llevarse el agua,
el agua no quiere apagar al fuego,
el fuego no quiere quemar al palo,
el palo no quiere pegarle al lobo,
el lobo no quiere sacar a la Chiva, 
y la chiva no quiere salir de ahí.
¡Sal de ahí chivita, chivita,
sal de ahí de ese lugar!

Al comparar las dos canciones nos damos cuenta que El Kabritico está escrita en un sentido positivo, ya que todos hicieron lo que tenían que hacer. El perro mordió, el palo pegó, el fuego quemó, etc. En cambio en La Chivita, nadie quiere hacer nada, ni siquiera Dios.
Ahora pasemos del sentido figurado a lo que realmente quiere decir la canción del Kabritico. Cuando los judíos cantan esta canción en la cena de la Pascua lo que realmente están haciendo es transmitir a sus hijos la historia de persecución del pueblo hebreo. Todos los nombrados en la canción, con excepción de Dios, representan algo.
El kabritico representa al pueblo de Israel.
El padre representa a Dios que “merkó” o compró a Israel por dos monedas.
Las dos monedas representan las dos tablas de la ley de Moisés.
Luego, el gato, el perro, el palo, el fuego, el agua, el buey, el matarife y el ángel de la muerte (8 en total) representan los imperios que han perseguido al pueblo hebreo en toda su historia.
Finalmente el clímax de la canción presenta al Santo Bendito, Dios mismo, que mata al ángel de la muerte y termina así la persecución del pueblo de Dios.
¿Qué tiene que ver esta canción con el Apocalipsis?
Tiene mucho que ver, ya que el motivo del Kabritiko lo mismo que del Apocalipsis es transmitir la gran verdad de que al final de los tiempos Dios vencerá y su pueblo descansará con él.
Lo otro que tienen en común son los símbolos. El Kabritico no nombra a los perseguidores de Israel por nombre, no convenía, era peligroso. Por eso que los representa con animales (gato, perro y buey), con objetos (palo, fuego y agua), con un hombre (el degollador) y con seres espirituales (el ángel de la muerte y Dios mismo).  Lo mismo el Apocalipsis, no presenta por su nombre al César, al Imperio, al ejército romano, sino que los oculta en símbolos: el dragón, la ramera, las bestias, los cuernos, las cabezas, etc.  
En el caso del Jad Gadya, Miguel Zavala Mujica dice “cierta interpretación hace corresponder al gato con los asirios; al perro, con los babilonios; al palo, con los persas; al fuego, con los macedonios; al agua, con los romanos; al buey, con los sarracenos; al shojet o matarife, con los cruzados; al Malaj ha-Mavet (Ángel de la Muerte), con los turcos; y al final, Dios envía de nuevo a los judíos a su tierra”.
Es difícil dar una interpretación segura a cada uno de estos símbolos. En el caso del Kabritico, se presentan simbólicamente ocho imperios o naciones. Algunos intérpretes comienzan con Egipto y ya la cuenta no funciona, pues además faltan los nazis al final, que a mi modo de ver fueron los peores perseguidores de Israel.
La misma dificultad que tenemos para decifrar este sencillo canto la tenemos para interpretar el Apocalipsis, como ustedes ya lo han de saber.
Sugiero que nos aproximemos a Apocalipsis con el fin de entender primeramente el texto mismo. No es bueno entrar a estudiar el libro con nuestras ideas escatológicas que ya hemos asumido.
Para darles un ejemplo de esta tarea, tomemos el texto del Kabritico y nos vamos a dar cuenta que, aunque lo entendemos en español, el idioma no es nuestro propio idioma, sino un dialecto del castellano. Fíjense que en vez de la “y griega” usa la “i latina”; en vez de usar la “c” usa la “k”, quizás por influencia del turco. Debemos entender que el ladino tiene raíces en el español medieval de España, por lo tanto ha mantenido palabras que para nosotros son arcaicas o tienen otra ortografía. Por ejemplo “mercar”, por comerciar o vender; bevió, degoyó y bendicho. También hay palabras hebreas: levanim, avarjó, shohet, Mal’ah ha-Mavet.
Ahora fíjense en el mal resultado que podríamos tener al no tomar en cuenta el texto y la cultura. Que tal si yo trato de interpretar el Kabritico a la cultura mexicana y escribo:
Una chiva que me compró mi jefe
con su propia lana.
Y vino la gata y se comió a la chiva.
Y vino el perro y mordió a la gata..
Y vino el palo, el fuego, el agua, el güey, el carnicero, el chamuco, el Caballero de Arriba.
Es un buen intento, pero vean en los problemas que nos metemos para explicar que Chiva también puede significar: una borrachera, una barba en el mentón, una excusa (en Chile), un bulto (en México) y si le agregamos “cuernos de chiva”, es una ametralladora AK-47, o si nos referimos a las Chivas de Guadalajara, es un equipo de fútbol.
“Jefe”, en este caso no es el que manda, sino el padre. Y no es que el padre sea una oveja que tiene lana, sino un señor que tiene dinero. ¿Qué tal si alguien interpreta gata como la sirvienta de la casa? Así es como se les dice despectivamente en México. O quizás alguien querrá decir que “perro” es un policía que se comió a la sirvienta. Y sobre la palabra “güey” mejor dejo que la Real Academia de la Lengua la defina: “adjetivo mexicano para referirse a una persona tonta o para dirigirse a alguien que ha tropezado. Cuando se usa como insulto, en el léxico inculto, "güey" es una desviación lingüística de buey”. 
Finalmente tendríamos que explicar que “chamuco” es el diablo y que algunos se refieren a Dios como “El caballero de arriba”.
Con estos pensamientos, que hasta chistosos parecen, les quiero ayudar a aproximarse a Apocalipsis primeramente entendiendo el texto original, sin apresurarnos a imponer nuestras interpretaciones. No es bueno ni sano que de una vez decidamos que el Anticristo es el príncipe Carlos del Reino Unido, que la Gran Ramera es la Iglesia Católica, que la mujer que dio a luz es la Virgen María y que las dos grandes alas de águila son los Estados Unidos. Si usted quiere llegar a esas conclusiones está en plena libertad, pero antes tiene que ser responsable para entender el texto original y lo que los lectores originales entendieron de él.
Quizás El Kabritiko es solamente una canción divertida y reconfortante sin necesidad de quebrarnos la cabeza con ella. Quizás el libro de Apocalipsis es un mensaje del cual no tenemos que intentar decifrar hasta el último detalle. Quizás el libro es una caricatura cósmica que nos ayuda a crecer en nuestra fe y esperanza de que al final de los tiempos Cristo será el vencedor y su pueblo reinará con él. Lo demás es pura conjetura. Ahora, si tú quieres complicarte con el Apocalipsis, estás en tu derecho.

Tuesday, July 03, 2012

El otro lado de la cerca


Por Fernando Soto-Dupuy
Publicado originalmente en inglés en la revista Christian Standard
del 17 de junio de 2012.
   
    ¿Fue correcto y legal cuando Abraham, Isaac y Jacob cruzaron la frontera de Canaán varias veces? Los cananeos dirían que no.
    ¿Fue correcto y legal cuando los hijos de Israel cruzaron la frontera de la Tierra Prometida? Los filisteos y amonitas dirían que no.
    ¿Fue correcto y legal cuando los asirios y los caldeos cruzaron la frontera de Israel? Si les preguntas a los israelitas te dirán que no.
    ¿Fue correcto y legal cuando los griegos cruzaron la frontera occidental del imperio persa?  De acuerdo a los persas la respuesta es no.
    ¿Fue correcto legal cuando los romanos cruzaron la frontera y entraron en el imperio heleno? Podemos suponer que los griegos responderían que no.
    ¿Fue correcto y legal cuando los bárbaros cruzaron la frontera norte del imperio romano? No hay duda, los romanos dirían que no.
    ¿Fue correcto y legal cuando los moros cruzaron la frontera de la península ibérica? Si les preguntamos a los españoles escucharíamos un rotundo “no”.
    ¿Fue correcto y legal cuando los conquistadores españoles cruzaron la frontera del Nuevo Mundo? Los indios del Nuevo Mundo dicen que no.
    ¿Fue correcto y legal cuando los (norte) americanos cruzaron la frontera de Texas, Nuevo México, Arizona y California? Los mexicanos dicen que no.
    ¿Es correcto y legal cuando los americanos Hispano-Latinos cruzan la frontera de EEUU sin visa? Si le preguntas a los (norte) americanos te dirán que no.
    Y así sucesivamente...

¿Cuál es su perspectiva?
    La respuesta a preguntas como esas dependerá de en cual lado de la cerca está usted.  Yo estoy respondiendo a este problema migratorio desde la perspectiva de un ciudadano de los Estados Unidos naturalizado y nacido en América del Sur.  Mi esposa, México-americana, se crió en la frontera de Texas.  Su casa estaba muy cerca del Río Grande (desde el lado mexicano se llama Río Bravo).  Su familia a veces ha tenido que alimentar a los inmigrantes indocumentados que cruzan el río cerca de su casa.
    ¿Realmente estas personas cruzaron la frontera o es que la frontera los cruzó a ellos? Texas antiguamente era un estado de México, y debido a situaciones históricas -que no vamos a tratar aquí- la frontera fue “movida” más al sur.  En la mente de muchos mexicanos, ellos no han cruzado la frontera, sino que la frontera los cruzó a ellos.
    Lo mismo pasó en California en donde una frontera “americana” fue creada entre la Alta California (que se transformó en los estados de California, Nevada, Arizona, Utah, Colorado occidental y sudoeste de Wyoming) y la Baja California (que se mantuvo como parte de México).  A propósito, el español y el inglés fueron usados como los idiomas oficiales del estado de California hasta el año 1879.
    Las fronteras ¿Han sido establecidas por Dios.  Si es así, entonces los cristianos deberíamos apoyar legislaciones fronterizas, patrullas fronterizas y vigilantes de las fronteras.  Pero si no es el propósito de Dios crear lineas imaginarias entre países, supongo que los cristianos no deberíamos ser tan fanáticos para defender territorios particulares y fronteras.  Cada vez que veo el mapa del clima de los EEUU me da risa ver que parece que cualquier fenómeno climático se detiene en la frontera.  Ignoran totalmente el clima al otro lado.  Gracias a Dios por los mapas de Google que nos permiten ver el planeta como lo ve Dios.

¿Cuál es nuestra labor?
    Antes que mis hermanos (norte) americanos se enojen demasiado conmigo por mi falta de respeto a las fronteras, quiero asegurarles que no estoy a favor de las fronteras abiertas ni en favor de la anarquía.  Sólo quiero que la iglesia haga su trabajo y deje que el gobierno haga el suyo.  En este asunto estoy totalmente a favor de la separación de la iglesia y el estado.
    Nuestro trabajo como iglesia de Cristo no es pedir documentos a los inmigrantes que vienen a adorar con nosotros.  Tampoco es nuestro trabajo denunciarlos o condenarlos por su situación legal.  El gobierno más poderoso de la historia humana, que incluso ha podido encontrar a Osama bin Laden al otro lado del planeta, es lo suficientemente sofisticado para identificar a todo tipo de personas y lidiar con este asunto dentro de sus propias fronteras.  El gobierno no necesita la ayuda de la iglesia para perseguir a los inmigrantes indocumentados.  Estoy convencido que el gobierno de los EEUU puede hacer lo que se le de la gana en cuanto a este asunto. Si quiere, puede reformar las leyes migratorias de inmediato, o si quiere puede deportar a millones de indocumentados, le tomará un par de meses no más.
    ¿Por qué el gobierno no hace una cosa o la otra? No tengo idea, pero me imagino que a los políticos les gusta este status quo.  Ellos no tiene apuro, los hombres de negocios tampoco ya que se benefician de la mano de obra barata, recibiendo impuestos sin proveer beneficios, aunque todavía hay algunos que nos quieren convencer de que los indocumentados toman más beneficios de los que proveen a la nación. Si así fuera el caso, que de inmediato comience la deportación masiva para que veamos cómo florece nuestra economía (sarcasmo incluido).
    Por otro lado, los candidatos, durante un año de elección, acostumbran a hacer promesas.  Otra vez este año oiremos promesas de amnistía, nuevas leyes, reformas, etc.  Después de las elecciones tendremos que recordarnos de la verdad de Jeremías. “Así dice el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre!”.

¿Cuál es nuestra misión?
     La gran mayoría de las congregaciones hispanas en los EEUU tiene un alto porcentaje de indocumentados. (El término “indocumentado” es mejor que “ilegal”, los actos son ilegales, las personas son indocumentadas).  Cuarenta por ciento de la gente en la congregación que pastoreo en Anaheim son indocumentados.  Me atrevo a decir que en otras congregaciones latinas el porcentaje es mucho más alto.  Algunos de nuestros miembros indocumentados han estado en este país por 20 ó 25 años.  Sus hijos nacieron aquí y hablan un perfecto inglés.  Algunos son dueños de sus casas y han estado pagando sus impuestos sagradamente.  Tristemente viven en temor, especialmente cuando piensan en su jubilación, ya que no recibirán ningún apoyo financiero del gobierno. 
    Me he dado cuenta que los indocumentados tienden a vivir vidas correctas y respetuosas de las leyes.  Ellos saben el riesgo que corren de ser deportados si se meten en problemas.  Muchos manejan sin licencia de conducir, por lo tanto son súper cuidadosos para no llamar la atención de las autoridades.  Son buenos vecinos, excelentes trabajadores, no quieren perder sus trabajos ni ser expulsados de sus departamentos. 
    Como iglesia de Dios tenemos una misión que cumplir ante este grupo de nuestra población.  Varias fuentes estiman que la cantidad de indocumentados en EEUU se eleva a 12 millones.  ¿Les estamos dando la bienvenida en nuestras iglesias? ¿Se sienten ellos amenazados cuando se mezclan con los anglos? ¿Estamos proclamando un evangelio de integración o les estamos dando las malas noticias de la separación? ¿Miran ellos a nuestras iglesias como “ciudades de refugio” o más bien nos ven como agencias del gobierno?
    Hace unos años, en una conferencia de pastores, tuvimos la oportunidad de escuchar a un agente de inmigración que trabajaba en deportaciones.  Él nos aseguró que el gobierno no tiene la capacidad de deportar a todos los indocumentados.  Los agentes del gobierno no andan de casa en casa preguntando quién no tiene documentos migratorios.  Eso sí que ellos buscan, por orden de las cortes, a los que han cometido crímenes, especialmente de índole doméstica contra sus cónyuges e hijos y a ellos, con gusto, los deportan.  Pero no buscan como prioridad a otra clase de indocumentados como por ejemplo los que trabajan sin documentos o los que hayan sido denunciados por un mal vecino.
    ¿Puede un indocumentado llegar a ser anciano de la iglesia? ¿Puede esa persona tener un cargo o ser llamado al ministerio? Pues bien, Abraham, el arameo errante, llegó a ser el padre de los creyentes.  Su bisnieto José, un esclavo indocumentado, llegó a ser primer ministro en el país más poderoso de ese tiempo.  Un joven llegó a ser un famoso profeta de la Biblia cuando se encontraba en el exilio.  Y no nos olvidemos de Ester que llegó a ser una especie de Miss Latina USA en su tiempo.
    Finalmente, una familia indocumentada -un niño de brazos, su mamá y su padrastro- huyeron de la violencia de un régimen militar y entraron al amparo de un país vecino.  Ese niño creció y llegó a ser nuestro Señor y Salvador.  Estos inmigrantes perseguidos siempre tienen la manera de encontrar un lugar de refugio.  ¡Ay de nosotros si no les proveemos de ese lugar y no velamos por su éxito!
    Les animo a mirar este asunto con una mente compasiva.  Hay muchos mandatos en el Antiguo Testamento acerca de cómo tratar a los extranjeros que habitan en tu país.  Y en el Nuevo Testamento se nos desafía a ver a los extranjeros desde un punto de vista misional.  Los indocumentados entre nosotros representan una manera en que Dios está trayendo a los necesitados a nuestro lado, en vez de mandarnos a nosotros a sus lugares de origen.
    Y, por favor, si usted relee las preguntas al principio de este artículo, hágalo desde el punto de vista de una persona que está al otro lado de la cerca.

Fernando Soto-Dupuy es el pastor hispano de la Anaheim First Christian Church en California.  Enseña en el Instituto Crossmont, y enseña español en la Hope International University en Fullerton, California.  Junto a su esposa Nona ha estado casado por 28 años y tienen tres hijos y tres nietos.

Wednesday, May 23, 2012

El ser que quiero ser. Primer sermón.

Uf, qué difícil: El ser que no quiero ser. El ser que aparento ser. El yo que pienso que debería ser. El ser que otros quieren que sea. El ser que temo que Dios quiere que sea. El ser que se supone que debo ser. En este sermón encontrarás dirección de aquel que te creó para que fueras lo que Él pensó que tú fueras.
Haga click en el siguiente link para escuchar este sermón de 27 minutos...
http://f.cl.ly/items/3F1A1715193R2w211E2r/12-05-20%20Llenando%20la%20brecha.mp3

Wednesday, March 28, 2012

Joven y alocada - Vieja y sensata.


Desde que el mundo es mundo ha existido la coprolalia o cacolalia (la tendencia patológica a proferir obscenidades). Hay una ciencia que se llama latrinología, que aunque ustedes no lo crean, se dedica al estudio de los escritos en la pared de los baños.
Todos, tarde o temprano, hemos sido expuestos, algunos violentamente, a la pornografía y a la vulgaridad. En buen chileno, "a hablar de la cintura para abajo". Este tipo de vocabulario que describe en forma soez y grosera los genitales y su función reproductora, uno no lo aprende con su familia, sea esta familia "evangelión" o "catolikein". Esto se aprende en la calle y procuramos dejarlo en la calle también. Antes de los 6 años de edad yo había escuchado ciertas palabras groseras en boca de los borrachitos que entraban a la botillería de mis padres a comprar vino. Aún en su borrachera eran caballerosos para no decir garabatos en frente de las damas. Dentro de la casa jamás escuché malas palabras, bueno, con excepción de mi hermana que las aprendía en la calle y al quererlas practicar en la casa le daban una buena zumba. A partir de primero básico, en forma traumática comencé a oír en la escuela palabras que no entendía, pero que tampoco me atrevía a preguntarle a mis padres su significado. Mi léxico coprolálico aumentó una vez que aprendí a leer las palabras escritas en "las casitas" (el baño) de la escuela.
Han pasado muchos años de eso. Hoy, tristemente me doy cuenta que esa manera de hablar que tenían los alumnos en ausencia del profesor, o ese vocabulario que se leía en los baños públicos, o el léxico que manejan los "Académicos de la Lengua" (como se hacen llamar los cómicos más groseros de la farándula chilena) se ha introducido en el internet, en la tele y esta semana entra con gloria y majestad al cine con esta película premiada en el extranjero. Ahora la orden es enfocar. Enfocar la cámara, la mente y los deseos desde la cintura hacia abajo. La vagina, que debería ser territorio privado de la Joven y Alocada, se ha transformado en dominio público chileno y no precisamente con ese nombre. La película viene con dos ganchos más: la apología a vivir los impulsos biológicos homosexuales, y la ridiculización del cristianismo, en este caso envuelto en el paquete evangélico.
Conozco a la familia de la Joven y Alocada. Su abuela es una de las ancianas más agradables, educadas y abierta de mente que conozco. Es una fiel y equilibrada cristiana. Sus tíos han sido mis amigos y compañeros de ministerio. Nuestros hijos crecieron y se formaron en la iglesia. Sus padres fueron miembros de la iglesia cuando se estaba formando, luego emigraron a otra congregación. A sus hijas les tengo un tremendo cariño y aprecio, las veo como mis sobrinas (aunque es posible que ellas me vean como el tío pesado, mala onda y regañón). Ellas son lindas y muy educadas. Educadas en el sentido que tienen una inteligencia sobre el normal de la chusma. Poseen títulos universitarios, una de ellas a nivel doctoral y tienen un manejo del idioma que ya me lo quisiera yo. Aunque se han apartado de la fe, me gusta leer lo que escribe la mayor, pues desafía mi fe y me hace volver con frecuencia a las palabras de San Pedro: "Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes". Su vocabulario tiende a caer en la grosería, pero cuando se propone ser seria hemos tenido un intercambio de opiniones muy enriquecedor y respetuoso.
Ahora bien, si ellas no lo saben, somos muchos, demasiadas, las personas que les amamos de corazón y que hemos estado sufriendo ante este destape sexual y ante este ataque al cristianismo. He notado que el mundo evangélico ha reaccionado con un silencio confuso, especialmente los que les conocen personalmente. El tema es tan provocador, tan transgresor y vergonzoso para las iglesias y para la mayoría de las familias que se ha preferido no tocarlo.
Me imagino que la reacción de los cristianos de un estilo más fanático o "fundamentalistas", como les llaman ahora, será la protesta airada con carteles que anuncien la condenación al infierno de la Joven y Alocada junto a sus secuaces. Pero estoy seguro que la gran mayoría de los cristianos evangélicos pasará esta amarga copa con una gran tristeza y en silencio.
En el mundo de las artes se está dando una tendencia. Acercándose la fecha de Semana Santa el canal National Geographic casi siempre presenta un tema en contra del cristianismo, como el Evangelio de Judas, el supuesto osario de Jesús, etc. En viernes santo del año 2006 el fotógrafo Marcelo Gamonal pretendió presentar una gigantografía en un céntrico lugar en Santiago de Chile (yo no vivo en Chile y no sé si lo logró). La gigantografía se titulaba “El hijo de perro”. En esa fotografía aparecía, Jesús crucificado, su madre María y un perro. Jesús era personificado por Patricio Egaña, un homosexual de 60 años. Aparecía representando a un Cristo gay con sunga color lila, y una femenina corona de reina. La virgen María era representada por la modelo Ximena del Solar, vestida como monja lujuriosa, semi desnuda mostrando sus pechos. El Espíritu Santo estaba personificado por un perro embalsamado al que se le atribuía la paternidad de Jesucristo.
Ese era un ataque frontal a los dogmas del cristianismo. Seis años más tarde les toca "apechugar" a los evangélicos próximos a celebrar la resurrección de Jesús en Semana Santa. Esta vez el embate no viene de gente externa, ateos o sacrílegos. La crítica o la burla esta vez viene de una mujer formada en nuestras filas, en nuestra subcultura que se sabe la Biblia al revés y al derecho, como buena cristiana. Es verdad que ella se formó (o deformó) en una iglesia particular que algunos hoy catalogan de secta evangélica. Esa expresión particular de "canuteo grosso", como decía la hermana mayor en sus años de adolescencia, colisionó con la mente privilegiada y la pluma ágil e irreverente de la Joven y Alocada. Fue, como lo llaman los astrólogos, una alineación perfecta de planetas que ocasionó un gran terremoto. En esta alineación predomina Venus (con una sensualidad grosera) y Marte (con belicosidad burlona).
Me costó sentarme a escribir, pero con humildad les digo que esta es nada más la opinión de un pastor cristiano que anhela llevar, en todo tiempo y en todo lugar, las palabras amorosas y consoladoras de Jesucristo. La iglesia está entendiendo en estos días que su labor no es condenar. Jesús le dijo a la mujer pecadora "ni yo te condeno". También la Escritura nos dice "Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de Jesús". Es verdad que en el Antiguo Pacto se condenaba a muerte al varón que se "ayuntaba" con varón, al que tenía relaciones con un animal, e incluso al que maldecía a sus padres. Pero la Iglesia Cristiana no es parte del Antiguo Pacto, sino del Nuevo Pacto realizado por Dios a través del sacrificio perdonador de Cristo.
No condeno a la Joven y Alocada, sólo trato de entender su sufrimiento, su confusión, su rabia que pasó en sus años de evangélica. Ella tiene la edad de mis hijos. Aclaro, mis hijos no son perfectos, sin duda que, como todos los niños criados en familias creyentes, han tenido batallas con su sexualidad, con el alcohol, con las drogas, con la bulimia, con los complejos, con la violencia, con el suicidio y principalmente una tremenda bronca con la fe de sus padres. A veces me encuentro pensando que uno de mis tres hijos hubiera sido mi propio Joven y Alocado/a, pero me sacudo ese pensamiento doloroso y le doy gracias a Dios que así no fue. Aún así, no soy tan ingenuo para no pensar que mis angelitos también han de haber escrito estupideces en el Facebook o que han despotricado en un diario de vida en contra mío y de la iglesia.
También me gustaría que la Joven y Alocada y todos los que le avivan la cueca, o se sientan identificados/as con ella, pudieran pensar un momentito en este tema trascendental que es el cristianismo, la iglesia, la revelación de Dios a la humanidad. Por un lado mencioné las palabras de Jesús "ni yo te condeno". Esa frase la terminó con las siguientes palabras "vete y no peques más". El cristianismo sigue, hasta el día de hoy, lidiando con la condena y el pecado. Estamos aprendiendo a no condenar, pero también estamos obligados a señalar la falta, el pecado y ayudar a la gente a recibir el perdón de Dios y vivir una vida plena. No crean, muchachos, que los pastores estamos aquí para tirar piedras. No, Dios nos ha llamado para comprender su dolor, su rabia, su irrespeto. No crean que nos llevamos metidos en la iglesia leyendo la Biblia. Nuestros horarios son tan complicados. A veces respondiendo una llamada a las tres de la mañana de una madre que está peleando con su hija; o visitando a una niña que se quiere suicidar; o llorando en el funeral de un joven que ha muerto de Sida; o consolando a una familia cuyo hijo, en una noche de juerga, se quitó la vida. Nos movemos dentro del dolor humano. Andamos recogiendo los pedazos de vidas destrozadas y tratando de traer la paz y la bendición de Dios ante tanta calamidad.
Nosotros leemos nuestra Biblia y en ella buscamos dirección y respuesta a nuestras preguntas. Y créanme, he buscado mucho una dirección de Dios en estos meses desde que salió el artículo en el periódico anunciando la historia de una muchacha evangélica bisexual que escribe un blog que se transformará en película. Perdónenme si les ofendo, pero esto es lo que hallé en la Palabra de Dios. 2 carta de San Pablo a Timoteo capítulo 3: Ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad.
A simple vista he visto en estas semanas publicaciones, propaganda y controversias en torno a la Joven y Alocada en donde se nota mucha jactancia, arrogancia, desprestigio de lo bueno, insensibilidad, ímpetus y sobre todas las cosas, más amistad y preferencia por el placer que por Dios. Entiendo que la película exalta el placer sexual lésbico y la falta de respeto hacia los padres. Discúlpenme, pero esta carta de San Pablo ha sido mi lente de análisis social. Quizás Freud podrá explicar la fascinación que tiene la Joven y Alocada con el sexo y la cacolalia. Quizás Darwin podrá explicar cómo la evolución nos ha llevado a considerar los actos homosexuales como parte natural del proceso evolutivo. Quizás los sociólogos nos podrán explicar por qué la sociedad, no sólo la chilena, ha llegado a este punto de aceptar fotografías de vaginas en llamas por doquier como propaganda de un film. Quizás muchas ciencias y estudios podrán traer explicaciones racionales a este fenómeno. Los cristianos, sin embargo, buscamos consuelo, explicación y dirección en los principios de Dios establecidos en la Santa Biblia.
Mi corazón se duele enormemente por los padres de la Joven y Alocada. Los conozco, son personas agradables a quienes Dios les regaló tres hermosos hijos. A veces me sorprendo pensando en ellos y se me forma un nudo en la garganta. Ellos, a la vez que yo, tienen más de 50 años de edad, es decir, estamos más allá del límite de lo que los jóvenes llaman "viejo".
Estoy seguro que los padres de la Joven y Alocada están arrepentidos de muchas barbaridades que hicieron en su juventud. Así es la naturaleza humana, en la juventud somos alocados y en la vejez somos sensatos.
Como quisiera apurar el reloj del tiempo para avanzar 20 ó 30 años con la esperanza de ver a la Joven y Alocada como una Vieja y Sensata. Dios no tiene apuros, yo sí. La vida da muchas vueltas. El hijo pródigo volvió a los brazos de su padre. Jacob volvió a besar a su hermano Esaú. Oseas volvió a reconciliarse con su alocada esposa. Norma McCorvey, la causante de la revolución del aborto en EEUU, hoy es una activa defensora de la vida del que está por nacer.
Oramos al Señor para que en el año 2042 los periódicos de Chile anuncien que la Joven y Alocada se ha transformado en Vieja y Sensata.

Saturday, March 17, 2012

La Tierra del Sol Naciente


Entre mis curiosidades encontré este artículo que escribí en mi visita a Japón el año pasado. Ahora mi esposa Nona y mi hija Alondra están de visita en Okinawa esperando que mi hija Paloma dé a luz a mi tercer nieto Cai. Así es que es buena ocasión para publicar el escrito.

La Tierra del Sol Naciente.
Sábado 16 de abril de 2011.

Estoy sentado en un tranquilo café ubicado en un rincón de la terminal #1 del aeropuerto de Narita en Tokio. Me quedan más de cuatro horas de espera para tomar la conexión que me llevará a Los Ángeles dejando atrás la tierra del Sol Naciente, la cual visité durante 19 días.
La apacible música que se escucha en el Excelsior Caffé es bossa nova brasileño. Los amplios ventanales me muestran la gran cantidad de aviones que despegan y aterrizan en Tokio.
Anticipando la buena cena que comeré en el avión de Singapore Airlines, me he limitado aquí a servirme sólo una taza de té Darjeeling con leche acompañado de un alfajor argentino de chocolate que le robé a mi hija al salir de su casa, esta mañana, en la base de la Fuerza Aérea de los EEUU en la isla de Okinawa.
Mi esposa Nona se quedó nueve días más para disfrutar la rica hospitalidad que nuestra hija Paloma y su maravilloso esposo Cori nos han brindado. Y de una vez lo digo: este viaje, aunque largo, atractivo y diferente, marcó muy positivamente nuestra herencia de familia por dos razones. Primero, porque estando aquí en Japón nació nuestra segunda nieta Rio Emileen Soto a 7500 millas de distancia en Tennessee (12000 kms). Nona estuvo despierta toda la noche del viernes 8 de abril, llamando a cada hora a Rosie y a Karlo por medio del maravilloso invento tecnológico llamado “Facetime” (teléfono con imagen). La niña nació el 8 en EEUU, ya era el sábado 9 aquí en Japón. Fue maravilloso verla “calientita”, recién salida del horno, llorando a todo pulmón. “Niña, entras a esta vida llorando, mientras todos reímos a tu alrededor. Procura vivir de tal manera tu vida que mueras sonriendo, mientras todos lloren a tu alrededor”.
La segunda razón familiar de este viaje fue la de visitar por primera vez en su casa a nuestra hija, la señora Bemis y a su esposo Corigan. Si bien es cierto, no había en nosotros gran preocupación por su vida matrimonial, sí teníamos cierta curiosidad de ver “en terreno” su situación. Y todo por el hecho de que al susodicho (hoy mi querido yerno) no lo habíamos conocido mucho. A Cori lo vi una o dos veces cuando Paloma y él eran amigos. La tercera vez que lo vi fue en un almuerzo a solas en que me citó a un restaurante para pedir la mano de mi hija primogénita. No pasaron más de seis semanas cuando ya estaban casados y viviendo en Japón.
Paloma ha sido siempre muy comunicativa y constantemente nos ha estado demostrando lo feliz y bendecida que se siente al haberse casado con este hombre. Por fin vinimos a verles y, obviamente, no pude dejar de bromearles constantemente por el show que estaban actuando en frente nuestro. La verdad es que para los padres el ver a sus hijos felices caminando por la senda correcta es la bendición más grande a experimentar.
Cori y Paloma son fieles creyentes en el Señor. Asisten a una iglesia bautista y en cada comida “rezan” una oración que Cori trae de su trasfondo católico. Su departamento es hermoso, se ve la mano disciplinada de limpieza y orden. Cori es hacendoso, ambos se complementan. Dios les ha dado el don de hospitalidad, compasión y pastoreo. Vienen a su casa parejas de amigos que buscan su compañía y consejo, a causa de su carácter y buen ejemplo. También acogen a soldados solteros ya sea para comer, ver películas o jugar juegos de mesa, especialmente en los feriados nostálgicos.
Paloma trabaja como profesora asistente para niños limitados mentalmente en un liceo (secundaria). Ella no tiene necesidad de extra limitarse en sus funciones, sin embargo ayer decidió hacernos pasar la tarde con una de sus alumna, Neshia de 19 años, una niña con síndrome de Down de raza negra, quien vive sola con su padre desde que su madre la abandonó al nacer.
La tarde la pasamos viendo la película Matilda y luego nos fuimos a jugar bowling y a comer al Chili’s con esta simpática muchacha. Aquí vi otra faceta de Cori: su cariño y compasión por los desvalidos. Yo ya conocía eso en Paloma.
Ahora dejaré el tema de la familia a un lado, sin antes decirles que si lo que Cori y Paloma hicieron fue un show, entonces se merecen un Óscar.
Déjenme ahora hablarles de esta fascinante tierra nipona. Describiré a los japoneses con cinco adjetivos: amables, honestos, formales, disciplinados y limpios, pero, para que vean que quiero ser objetivo, también he buscado cinco defectos que veo en ellos: inexpresivos, supersticiosos, aislados, inflexibles y, algo que mencionó mi esposa, no tienen sentido de la moda.

Amables: hay momentos en que tanta amabilidad parece irrisoria. Los nipones no se abrazan ni se dan la mano, pero se inclinan haciendo reverencias. Después de dos o tres días aquí uno se contagia con la “inclinadera” y comienza a agarrar la onda inclinando la cabeza o la espalda en 45 grados. Las transacciones comerciales son muy amables. Ellos no reciben ni dan el dinero en la mano, sino que en una pequeña bandeja. Cuando hay trabajadores en las calles o veredas, siempre hay dos o tres obreros con guantes blancos indicándole al público el desvío con reverencias. En las tiendas y en los restaurantes atienden con tal amabilidad que pareciera que en todo momento estuvieran pidiendo perdón por cualquier inconveniencia.
La primera muestra extrema de amabilidad la vimos en el vuelo de 12 horas entre Los Ángeles y Tokio. Las azafatas estaban vestidas muy femeninamente con riguroso peinado. Le comenté a Nona “que diferencia con las azafatas de Lan Chile”. Y no es que desprecie a mis compatriotas, pero pareciera que las azafatas chilenas te quieren dar a entender que aunque te están prestando un servicio como, digamos, de sirvienta, ellas en su manera de hablar y en sus modales te comunican que son de clase media alta, que están ahí porque hablan inglés y que tienen ese trabajo solamente como un pasatiempo como excusa para viajar por el mundo. Las empleadas japonesas, en cambio, te dan a entender que están ahí para servirte y repiten constantemente “sorry for the inconvinience” (disculpe usted la inconveniencia).

Honestos: para ilustrar esta excelente cualidad nipona me acabo de levantar de la mesa en donde estoy escribiendo para ir al baño. Por pura precaución me llevo conmigo el pasaporte. Dejé en la mesa, a vista del público, mis dos maletas, mi bolso con mi computadora portátil, y sobre la mesa mi lector de libros electrónicos Kindle. No les miento, sí sentí un poquito de temor mientras estaba sentado en los impecables baños (de eso hablaré más adelante), imaginándome que en un dos por tres en vez de estar en Japón estaba en algún lugar de América Latina y tendría que subirme al avión tan sólo con mi pasaporte en la mano. Pero, gracias a Dios, estoy todavía en Japón, en una sociedad que tiene el sentido de la honestidad más elevado del mundo, sin ser ellos una sociedad cristiana y haciendo, con esta virtud, que “ascuas de fuego”, como dice la Biblia, se amontonen sobre las cabezas de las naciones cristianas deshonestas. (La versión más moderna de la Biblia dice: “que les arda la cara de vergüenza”). Aquí en el aeropuerto he visto carritos con maletas “abandonados” fuera de los restaurantes, mientras la gente, despreocupadamente, come dentro.
La honestidad japonesa impide que la gente acepte propinas. Si dejas propina el mesero saldrá corriendo detrás tuyo para devolverte el dinero que, según él, se te quedó en la mesa.
Recuerdo la anécdota que me contó mi amigo Fernando Gutiérrez que visitó Japón hace algunos años y dejó olvidada su cámara fotográfica en el tren. Dio aviso y la cámara la trajeron de vuelta en el tren que venía en sentido contrario. Los funcionarios se deshacían en disculpas como si hubiera sido falta de ellos.
Sí, hay gente mala y mafiosa en Japón, pero ellos no hablan de eso, es un tema tabú. La mafia se mueve mucho en el mundo de la construcción, la prostitución y las drogas, pero no se menciona y el consejo es que si no te metes con ellos, ellos tampoco te molestarán.

Formales: en este punto me refiero al respeto de las reglas comunitarias. Obviamente la formalidad les viene de la amabilidad, la disciplina y el respeto. Ellos no son parte de la cultura individualista, su cultura es colectiva, por lo tanto prima en ellos el bien común antes que el personal. Por eso mantienen formalidades en los negocios, en los saludos, en la vestimenta. La mayoría de los hombres que trabaja en oficinas viste de traje y corbata. Los trabajadores manuales usan unos pantalones anchos y una gorra con cubre cuello. No son bulliciosos, no se ríen a carcajadas, no estornudan estrepitosamente, más bien hacen un estornudo de gato, como le llamo yo. Tampoco son desordenados al conducir, respetan las leyes del tránsito. Hacen ordenadas cola para subirse a los buses. Todo mundo usa uniforme, están orgullosos de usarlo. Los choferes de taxi usan guantes blancos al igual que la policía. En algunas tiendas al pagar te hacen firmar con formalidad el recibo.

Disciplinados: todo mundo cruza en las esquinas. Los padres pueden ir a dejar a los niños a la puerta de la escuela solamente la primera semana de clases, a partir de la segunda semana se requiere que los niños caminen solos por donde deben ir con absoluta disciplina. De hecho, nuestros amigos chilenos que viven en Tokio nos mostraban el parque hasta donde les era permitido a ellos llegar con su hija, pues de ahí en adelante la niña debía caminar con sus amigas a la escuela de ida y de vuelta.
Todos los vehículos se estacionan en reversa en los estacionamientos públicos. Esto se me hizo curioso y pregunté el por qué. Me contestaron que era una disciplina basada en la consideración por el otro y también para hacer de la salida, en caso de emergencia, algo ordenado ya que todos irán mirando al frente sin esforzarse por “recular” en el caos. (La palabra “recular” está en el diccionario por si acaso. Nona me la rebatió fuertemente, pero es una palabra, aunque fea, apropiada).
Hay edificios de oficinas o departamentos privados en donde uno ve en la puerta muchos zapatos “estacionados”. Eso da a entender cuánta gente hay adentro. Y al igual que los automóviles, todos los zapatos están mirando hacia la calle por lo mismo, en caso de emergencia, es más fácil calzárselos sin alboroto y arrancar sin tropiezo.

Limpios: yo había escuchado al pastor Juan Carlos Ortiz decir que los occidentales comemos en grupo y nos bañamos solos, en cambio japoneses, comían solos y se bañaban juntos. Tal parece que así es. El baño tiene un tremendo valor para ellos. Los departamentos son pequeñísimos, aún así tienen un cuartito, aparte del cuarto del inodoro, en donde tienen una tina para el agua caliente aparte de la ducha. En la tina entran limpios ya, y la comienza a usar la visita, y luego por orden de edad, a veces hasta dos personas en la tina. Es una tradición una ceremonia para relajarse.
A la entrada de los restaurantes, en el lobby, tienen lavamanos. Y lo que a mí más me gustó fueron los inodoros que tienen un panel con varios botones. Los botones tienen dibujos y palabras en japonés. Así es que la primera vez que entré a un baño público en una gran tienda, no me animé a presionar ningún botón, aparte del de la cadena, por supuesto. Le pregunté a mi amigo la diferencia entre dos botones parecidos. Él se rió y me dijo que uno era para echar agüita por delante y otro por atrás. El de atrás se llama “oshiri” (esa palabra sí que me la aprendí, significa trasero). Entonces la ceremonia va más o menos así: uno prende el botón de calefacción del asiento, luego se sienta, hace sus necesidades y al final aprieta el botón que dice “oshiri” y uno ajusta la temperatura del agua y sale un chorro a presión, me imagino que guiado por rayo laser, porque nunca falla, ni salpica, sino que llega justo donde tiene que ir. Uno se limpia y seca como de costumbre y sale con una sensación de limpieza extrema.
Un día estábamos visitando un antiguo templo pagano en un parque y quise visitar un baño público por pura curiosidad ("Yeah, right", dice la Nona). Lo que pasa es que en ese parque había gente que se veía más popular, menos adinerada, etc. Sin embargo el baño estaba excelentemente limpio. Eso sí que en ese caso no había tazas sino los típicos hoyos en el suelo que uno ve en el oriente. Aún así, la higiene del lugar era muy buena.
Y para terminar, sin ahondar mucho, lo negativo de los japoneses: Bajo su amabilidad hay siempre una máscara de inexpresión. Ellos muestran modales, pero no sentimientos. Uno no sabe cómo se sienten, de hecho se incomodan cuando tienen que mostrar alegría o tristeza. También son supersticiosos producto de su religión Shinto y la influencia del budismo. Creen en la protección del perro que parece león y lo ponen como escultura en los parques o en las entradas de las casas o los techos como protección en contra de los terremotos o de los tifones, en el caso de Okinawa. Las tumbas tienen una pequeña explanada con un par de asientos en donde los familiares van a menudo a comer en presencia del muerto y le dejan botellas de licor de arroz. Los japoneses son insulares, es decir habitan en islas, por eso es que son aislados. Tienen una gran desconfianza con los extranjeros y demuestran su amabilidad, pero no la aceptación del otro. A los visitantes se les tolera y se les acepta su conducta bulliciosa, su vestimenta extravagante, sus modales extrovertidos, sencillamente porque son “los de afuera”. Tienen un tremendo sentido de agradecimiento con los norteamericanos que levantaron económicamente a este país después de la Segunda Guerra Mundial haciendo de Japón una potencia mundial. Pero ellos, debido a su historia milenaria de aislamiento, todavía miran con recelo todo lo que venga del otro lado del mar.
Los japoneses son inflexibles, mantienen sus tradiciones y su respeto milenial. Hay mucha tecnología y novedades modernas en Japón, pero la sociedad en sí es inflexible lo cual irrita, pero a la vez le da a ellos un sentido de estabilidad. Y por último, algo que mencionó mi esposa, ellos no tienen sentido de la moda. Yo no me fijé mucho en eso, pero Nona sí y con frecuencia me decía que mirara a alguna mujer y viera la mala combinación de prendas y de colores. Definitivamente Japón no es Italia en donde todo tiene estilo, desde los zapatos y las carteras hasta los autos y los refrigeradores. Los japoneses son muy sencillos en su amoblado y en su ropa.
Una cosa que me ha intrigado es el poco avance del cristianismo en Japón. Hoy solamente menos del uno por ciento de la población japonesa es cristiana. Hay 509.000 católicos y 500.000 protestantes. Quizás el gran error ocurrió cuando Francisco Javier, el primer misionero enviado por Portugal en el siglo 16, al bautizar a los convertidos les daba un nuevo nombre portugués y los hacía vestirse y vivir como europeos. Recién a partir de 1871 se permitió libertad a los cristianos para predicar. Y he aquí un dato muy curioso: aunque los cristianos son menos del uno por ciento, siete primeros ministros de Japón han sido cristianos, tres católicos y cuatro protestantes.
Mi oración es que el Señor Jesucristo, el sol de justicia, pueda brillar en la tierra del sol naciente y que los cristianos japoneses puedan tener el valor y el poder de Espíritu Santo para esparcir el evangelio. Y ojalá que los turistas y trabajadores occidentales cristianos no estorbemos el proceso.