Thursday, March 12, 2026

Nuestra Señora de la Paz


 La misa de responso para la señora Olga Morales, mamá de mi querido amigo Enrique Cuadrado, estaba programada para las 10:00 de la mañana. El ataúd ya estaba junto al altar con los cuatro cirios encendidos. Los músicos, un guitarrista y una cantante listos a la derecha del altar, y toda la gente sentada conversando en voz baja y esperando el inicio del responso.

Esa mañana Nona me dijo que no asistiría ya que habíamos estado la tarde anterior en el velorio. Salí de la casa, en esa hermosa y soleada mañana de noviembre, con una camisa azul de manga corta. Siempre me aseguro de tener mi anillo de matrimonio en la mano izquierda y el anillo de madera en la derecha y la cruz colgada en mi pecho. Pero ese día salí apurado y solo me puse el anillo de matrimonio. No me puse ni la cruz ni el anillo de la pobreza, así es que nadie notaría nada religioso en mí. Pensé -quizás debería llevar conmigo el libro de Oración Común por si voy al cementerio y allá me piden hacer la ceremonia de sepultura si es que no llega el sacerdote o el diácono-. Decidí no llevar el libro de Oración Común ya que sólo iba a estar en la misa porque después tenía algunos trámites importantes que realizar antes de las dos de la tarde. Doña Olga fue una fiel católica y feligresa de la parroquia Nuestra Señora de la Paz en un antiguo y hermoso barrio de Ñuñoa. Ella tenía buena cobertura pastoral en su parroquia pues vivía a media cuadra de la iglesia. Era conocida y querida en el barrio. No era para menos, vivir hasta los 101 años da algo de fama. 

Eran pasadas las 10:00 y el responso no comenzaba. Ricardo y yo conversábamos mientras tanto. El me contaba que su hermana Susy se había casado en esa iglesia. Hablamos de lo lindo que era el barrio con su parroquia y el parque entre las calles Echeñique y Pucará. Mirábamos el edifico y comentábamos acerca de la luz multicolor que entraba por los vitrales. Nos llamó mucho la atención no ver una cruz, ni vacía ni con Cristo en ella. La imagen principal sobre el altar era la de María, Nuestra Señora de la Paz. 

Esa mañana yo había leído la buena noticia de que el Tucho Fernández, mejor dicho, Cardenal Víctor Fernandez, prefecto del Dicasterio de la Fe de la iglesia católica romana, había hecho público un documento relacionado con la virgen María. Allí se pedía que no se usaran dos títulos que se estaban haciendo populares para María: Co-redentora y Mediadora. El “Tucho”, con la autorización del papa León, dice que nadie puede co redimir con Cristo. El es el único y suficiente redentor. Y en cuanto a “mediar”, dice él, la verdad es que todos los cristianos lo podemos hacer, pero jamás en el sentido de que “hay un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre”.

A mi entender ese escrito es una buena noticia para el cristianismo en general, ya que saca una piedrecita más en el camino de la comunión de todos los cristianos.

Ahí estamos Ricardo y yo conversando sobre la Señora de la Paz y ya son cerca de las 10:30 cuando Enrique, el hijo de la difunta, me llama a conversar al pasillo y me dice -Fernando, ¿podrías tú hacer el responso a mi mamá?-

Su petición fue muy inesperada para mí, y automáticamente contesto -no, no lo puedo hacer, Enrique-. Él, extrañado, suponiendo de mi larga experiencia como pastor me pregunta, -¿pero por qué no?-. Mientras tanto me lleva suavemente en dirección a la oficina parroquial. Más calmado le contesto -lo que pasa es que la iglesia Católica es muy delicada en estos asuntos. Yo no soy ministro católico y por lo tanto no puedo ejercer ninguna función litúrgica-

De repente me vi dentro de la oficina y frente a nosotros el secretario parroquial. Enrique me presenta como su pastor y le dice con cierta firmeza -Fernando puede hacer el responso-. El secretario me mira sorprendido, me siento observado, y algo dubitativo me pregunta -¿usted ha hecho responsos?-. Le contesto que tengo varios años de experiencia como pastor, pero la verdad es que en este momento no estoy preparado. El me dice -¿qué necesita?-. Le contesto -la liturgia para esta ocasión. Creo que algo tengo en un archivo en mi teléfono-. El secretario, amablemente me pregunta si traje una estola. Le digo que no. -¿Necesita algo más?- Me dice. Le pido una biblia. -Está bien- dice él, -acompáñeme-.

Salgo de la oficina parroquial detrás del secretario que me lleva por la nave derecha de la iglesia. Voy detrás de él, teléfono en mano, abriendo el Whatsapp y buscando mis conversaciones con Marcos Castillo. Hace tres meses, mientras Nona y yo estábamos en EEUU, el suegro de Marcos había fallecido. Me llamó para avisarme y a la vez para pedirme que le enviara una liturgia de funeral ya que su suegro no asistía a ninguna iglesia y no habría ceremonia religiosa, pero él quería estar preparado en caso de que se presentara la oportunidad en el cementerio de hacer una ceremonia. De inmediato le mandé un PDF con una liturgia de difuntos. Afanadamente busco en el Whatsapp el documento para poder usarlo yo aquí donde Nuestra Señora de la Paz. Siento algo de alivio al abrir el PDF.

Al llegar frente al altar el secretario hace una inclinación de respeto y dobla a la derecha. Toda la gente nos mira. Yo sólo atino a inclinar algo la cabeza. Entramos en la sacristía. Me siento como un papa recién electo ingresando a la antesala de la capilla Sixtina, a la que llaman “la sala de las lágrimas”. El secretario abre un closet con diversos atuendos litúrgicos y me dice -elija una estola-. En ese momento me sentí como aquel cubano de las redes sociales que va a comprar un paquete de fideos en un supermercado chileno y se agobia con tanta variedad. La gran cantidad de estolas me recuerda la gran variedad de fideos de un supermercado. Hay de varios colores. Trato de parecer conocedor, pero me rindo y le digo al secretario -dígame usted que sabe más sobre los colores litúrgicos ¿cuál estola me recomienda?-. -Una blanca-, me dice. Así es que escojo una estola blanca con cruces rojas. Me miro al espejo y el secretario aprueba. Sin embargo, apunta hacia otro closet y me dice -¿va a usa una casulla?-. Entré en pánico y le digo, -preferiría así no más-. Me mira con paciencia y respeto y me pregunta -de casualidad ¿no trajo chaqueta?-. Le digo que desgraciadamente no traje. Entonces abre otro closet que contiene unas diez chaquetas de color negro y azul marino de diferentes tamaños.

En ese momento entra Enrique a la “sala de las lágrimas” y me ayuda a elegir una chaqueta. El secretario me dice -se ve muy bien así-. Y salimos en dirección al altar. El secretario me lleva al lugar más sagrado de la iglesia y me dice -ahí está el misal, busque la liturgia-. Yo, sumamente incómodo, abro el gran libro y aunque puedo leer castellano, no entiendo todos los colores, las cintas, los marca capítulos que tiene el librote, así es que le digo al secretario -creo que solamente usaré le Biblia-. -Está bien-, me dice él, -iré a la oficina  y traeré mi Biblia”. Antes de partir le digo que me gustaría hacer la ceremonia desde el ambón, que es la plataforma desde donde se leen las Escrituras. Le digo -lo quiero hacer desde allá por respeto a su iglesia, porque sé que usted se puede meter en problemas si yo hago la ceremonia desde acá-. Él, comprensivo, me dice -como guste-.

Mientras él va a buscar la Biblia se acerca la cantante y me pide que le diga cuáles canciones cantaremos. Le digo -realmente no sé, pero…- y ella sin dudar me dice -comenzaré cantando…- me dice el título de la canción que no alcanzo a entender. -¿Va a leer algún salmo?-. Le digo que leeré el salmo 23. -Ok-, me dice ella -entonces en ese momento yo cantaré la antífona del salmo-. Luego me dice -al momento de asperjar cantaré otra canción-. Mi mente, en ese momento, funcionó tan rápido como el ChatGTP -asperjar: rociar o esparcir un líquido en pequeñas gotas sobre algo o alguien… yo asperjo, tú asperjas, vosotros asperjáis, ello asperjan…- Dirijo la mirada a un pequeño atril que tiene una vasija con agua y dentro de ella hay un aparato como micrófono plateado con orificios como aquellos que se usan para poner té y hacer infusión, eso sí que es más grande. La cantante no me deja reaccionar y me dice -y al final la familia me pidió cantar una canción de Nino Bravo-.

El secretario se acerca con la Biblia y la pone en el ambón. Miro el bendito libro como mi gran tabla de salvación, la que más conozco, lo más familiar para mí. Entre ella, yo y la ayuda del Señor saldremos de esta.

-Yo estaré sentado ahí cerquita por cualquier cosa que necesite- me dice el secretario y me deja solo frente a la familia, los amigos y los conocidos de doña Olga y una media docena de hermanos de nuestra iglesia que me miran con mucha atención y curiosidad.

-Les pido que se pongan de pie para comenzar esta ceremonia en memoria de nuestra hermana Olga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo-. Todos se persignan, creo que yo también lo hice. Luego miro a la cantante que canta la primera canción y yo trato de mirarla a ella nada más para calmar un poco los nervios.

-Oremos: Padre Celestial: tu hijo Jesús dijo, yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mi, aunque esté muerto vivirá. Y todo el que cree en vive y cree en mi no morirá. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin, el primero y el último. Morí, y he aquí que vivo para siempre y tengo las llaves del infierno y de la muerte. Por cuanto yo vivo ustedes también

vivirán-.

-Te damos gracias por estas palabras que nos reconfortan. Sé con nosotros en este servicio en que hacemos memoria de nuestra hermana María Olga Morales. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo tu hijo amado. Amén-.

Luego le hago una señal a la cantante y al guitarrista para que entonen una alabanza.

Al terminar ellos prosigo dándole las gracias al secretario y en general a la iglesia por confiar en mí, un pastor cristiano, para llevar a cabo esta ceremonia. Les aseguro que todos servimos al mismo Dios y al Señor Jesucristo.

Saludo a la familia y los amigos. Digo unas cortas palabras acerca de Olga, su longeva edad y animo a la familia.

Planteo la pregunta -¿Dónde está la señora Olga en este momento, ella y todos los fieles que han muerto?-. Y en base a esa pregunta predico el sermón diciendo que -San Pablo dijo “deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor” (Fil.1.23), seguramente es a ese lugar que llamamos “cielo”. O quizás Paraíso como le dijo Jesús al ladrón arrepentido: “Te

aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso (Lucas 23.43)-.

-Ese cielo, ese paraíso y esas almas degolladas al pie del altar en Apocalipsis son los pocos datos que tenemos de la vida después de esta vida para un creyente-.

-La muerte es un período intermedio de nuestra existencia. Por mientras, es decir, ahora que la gente se muere y se va a un lugar intermedio, no tenemos mucha seguridad bíblica de dónde están o qué están haciendo. Algunos dicen que cuando uno fallece uno entra en un sueño y descansa hasta la resurrección. Otros dicen que no, que cuando uno fallece uno

está activo en la presencia del Señor. No sabemos. Quizás los que han trabajado mucho aquí   los hará descansar allá. Y los que no han trabajado mucho allá estarán trabajando-.

-Lo que sí sabemos por la Palabra del Señor es que nuestro estado final no será el de  vivir eternamente como un alma incorpórea, o como un espíritu sobre las nubes. La Biblia nos

habla de que todos resucitaremos. La esperanza cristiana no es estar en el cielo flotando por la eternidad. La esperanza cristiana es la resurrección de la carne en un cielo nuevo y una tierra nueva-.

Leo la primera epístola de San Pablo a los corintios capítulo 15: Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron. De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir, pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el

Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será destruido es la muerte, pues Dios «ha sometido todo a su dominio». Al decir que «todo» ha quedado sometido a su dominio, es claro que no se incluye a Dios mismo, quien todo lo sometió a Cristo. Y cuando todo le sea sometido, entonces el Hijo mismo se someterá a aquel que le sometió todo, para que Dios sea todo en todos. No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados. Porque lo corruptible tiene que revestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad,

entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria.» «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano.

- Lo que Dios comenzó en el Edén y quiso renovar en el Templo, ahora lo está logrando en Jesús el Mesías resucitado (que está en el cielo) y en el Espíritu Santo (aquí en la tierra).

Seremos verdaderos y completos cuando suene la final trompeta, cuando seamos transformados recibiendo un cuerpo incorruptible, cuando resucitemos y el cielo y la tierra se junten como desde Génesis 1 lo había dispuesto el Señor -.

Al final del sermón hago lectura del salmo del Pastor y la cantante entona “el Señor es mi pastor, nada me habrá de faltar”.

Enrique pasa para contarnos acerca de su madre, su nacimiento, su origen, su casamiento, los hijos y nietos que tuvo. Enrique se emociona pero habla con personalidad y todos le prestamos mucha atención. Le agradece a los que cuidaron a su mamá y especialmente dirige palabras de agradecimiento a María Eugenia, su hermana. La invita a pasar al frente, la abraza, le hace cariño. Nos emociona ver a estos hermanos despidiendo a su madre y agradeciendo el cariño a los presentes.

Oramos: -Dios misericordioso, Padre de nuestro Señor Jesucristo quien es la resurrección y la vida: levántanos, te lo pedimos humildemente, de la muerte del pecado a la vida de tu justicia. Que cuando partamos de esta vida podamos descansar en él, y que cuando   llegue el día de la resurrección recibamos la bendición que tu amado Hijo Jesús pronunciará: “Vengan, benditos de mi padre. Reciban el reino preparado para ustedes desde antes de la fundación del mundo”. Danos esa bendición, Padre de las misericordias, a través de tu hijo Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Amén-.

Llega el momento de “asperjar”. Le digo a la congregación, cándidamente, que es algo que jamás he hecho, pero que me moría por hacerlo (se ríen). Les comento que siempre me pareció curioso que los católicos, al entrar a sus recintos sagrados, tengan una fuente con agua donde introducen sus dedos y con ellos se persignan. Pero investigué y entendí que esa agua es un recordatorio de bautismo cristiano que nos limpia de pecado por la sangre de Cristo.

-De la misma manera “asperjar” sobre el ataúd que contiene el cuerpo de Olga tiene como fin recordarnos a todos que ella fue una oveja del redil del Señor, un pecadora perdonada por Jesucristo que ahora retorna al Padre-.

Tomo el “aspersor” y rocío con agua los tres costados del ataúd, mientras la cantante entona una canción.

Vuelvo al ambón y digo estas palabras: -Por cuanto le pareció a Dios todopoderoso

en su sabia providencia, separar de este mundo el alma de nuestra hermana Olga Morales, por tanto nosotros encomendamos su cuerpo a la tierra, tierra a tierra: ceniza a ceniza, polvo a polvo, con la esperanza segura y cierta de la resurrección a la vida eterna de todos los que durmieron en Jesús-.

Y todos juntos oramos la oración que nos enseñó el Señor, el Padrenuestro. Tengo presente que los hermanos católicos la terminan diciendo “y líbranos del mal, amén”. Guardo un corto silencio y agrego, -porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos, amén-.

Una vez más les agradezco haberme permitido oficiar la ceremonia e insisto en la unidad de los cristianos para servir a Jesucristo quien merece todo honor y toda gloria por siempre, amén. 

Termino con mis manos extendidas sobre la congregación, diciendo -La bendición de Dios omnipotente, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén-.

Y la cantante entona:


Dejaré mi tierra por ti

Dejaré mis campos y me iré lejos de aquí

Cruzaré llorando el jardín y con tus recuerdos partiré lejos de aquí

De día viviré pensando en tus sonrisas

De noche las estrellas me acompañarán

Serás como una luz que alumbre mi camino

Me voy, pero, te juro que mañana volveré

Al partir un beso y una flor

Un "te quiero", una caricia y un adiós

Es ligero equipaje para tan largo viaje

Las penas pesan en el corazón

Más allá del mar, habrá un lugar

Donde el sol cada mañana brille más

Forjarán mi destino las piedras del camino

Lo que nos es querido siempre queda atrás

Buscaré un hogar para ti donde el cielo se une con el mar lejos de aquí

Con mis manos y con tu amor lograré encontrar otra ilusión

Lejos de aquí.


Me ubico frente al féretro mientras Enrique con sus hijos, su yerno y dos primos toman el ataúd para sacarlo de la iglesia. Volteo hacia la calle y camino lentamente por el pasillo para depositar el féretro en la carroza. 

En esa procesión pensaba -ojalá nadie ma haya sacado una foto. No quiero salir en las redes sociales para no escandalizar a mis amigos evangélicos-. Y en eso veo a Bessy que va caminando rápido por la nave lateral, se ubica junto a la salida y saca una foto.

Esa tarde me escribe por Whatsapp: -Hola Fernando. Sólo para repetir lo agradecida que estoy por tu “salvada” en el día de hoy. La chaqueta te quedó regio y la estola muy llamativa. Para que quede constancia de lo dicho te envío esta foto-.  

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