
Viernes 24 de noviembre de 2mil6.
Mis amigos que no viven en Estados Unidos deben saber que la fiesta de Thanksgiving, el cuarto jueves de noviembre, es una gran celebración, y es uno de los feriados preferidos de nuestra familia. Se hace una gran comida y se agradece al Señor por todas sus bendiciones durante el año.
Nona iba a cocinar para tener una comida íntima con Alondra y Karlo en Downey, California, y se supone que yo iba a tener algo similar aquí en Kibera con Paloma. Una alternativa era sacar a la familia a comer a un restaurante, pero preferimos comprarles pizza y helados. Así es que vinimos en la tarde a revisar el correo electrónico y a la vez escribir en la computadora, ya que otra vez se había cortado la luz en la casa. Pasamos a un supermercado a comprar leche, cereal, jugos y helados, la pizza la íbamos a mandar pedir por teléfono. Paloma me aseguró que la iban a dejar a la casa… a mí me extrañó que alguna compañía de pizzas fuera a Kibera (a propósito aquí en Kenia no hay ninguna cadena de comida americana). Llegamos a casa, sólo estaban los dos niños más chicos, pues la mamá estaba en una reunión de oración y las hermanas mayores todavía no llegaban de sus trabajos y escuela. Una de las niñas llamó por teléfono para pedir las pizzas y le dijeron que no hacían entregas a Kibera. Paloma, enojada, pues era la tercera vez en el día que tendría que tomar la matatu e ir otra vez al centro comercial. Se llevó a los dos niños mientras yo me quedé viendo las noticias (en suahili…). En eso, por enésima vez se cortó la luz y quedé en un completo silencio y oscuridad solo en la casa. Me acordé de la novela Ensayo sobre la Ceguera (Saramago) que acabé de leer hace como diez días. Bueno, como lo mejor era quedarme sentado me puse a orar y a darle gracias al Señor por todo los bienes que tenemos y que mis hermanos de los barrios pobres de todo el mundo no tienen: electricidad constante, bombillas de luz de 70 ú 100 watts (en vez de 25), agua que sale de la llave con fuerza, lavadoras y secadoras eléctricas, calles pavimentadas, baños limpios y con asiento, refrigeradores en donde la comida no se pudre, pizza que te llevan a la casa, y así seguí por media hora alabando al Señor. Luego me preocupé por Paloma que vendría con dos niños en la oscuridad, y el barro, trayendo tres pizzas. Pe

Nuestra cena de Thanksgiving fue de tres pedazos de pizza cada uno y una buena porción de helado. El resto del helado se lo regalamos a los vecinos porque sin electricidad se iba a derretir en el refrigerador.
A las nueve

Hoy viernes fuimos a conocer un poco más del barrio más pobre de Kibera. Luego pasamos a despedirnos del director de la escuela. Mañana sábado es el acto de fin del año escolar. Ahora estamos en el lugar donde usamos las computadoras. Volveremos a casa a cenar y luego parto al aeropuerto a tomar mi vuelo a las 11 de la noche hacia Londres-Roma-Palermo. Desde allá les vuelvo a escribir.
Bendiciones.
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